14 noviembre 2012

Afecciones por frio


El hombre, como los animales llamados de sangre caliente, puede regular su temperatura interior frente a las oscilaciones externas del medio, de forma tan exacta que un grado de diferencia, de 37º a 38º C, significa el estar sano o enfermo.

Cuando la temperatura ambiente desciende, el organismo reacciona estrechando los vasos de la piel y tejidos subyacentes, para que circule por ellos la menor cantidad de sangre y el enfriamiento sea mínimo. Además, se producen en todas partes pequeñas contracciones musculares involuntarias: son los tiritones, con los que se intenta aumentar la producción corporal de calor.


Los tiritones no se pueden detener, pero tampoco se deben reprimir.


Hay que distinguir dos tipos diferentes de lesiones por frío: el enfria­miento general y la congelación local.


ENFRIAMIENTO GENERAL

Su aparición se ve favorecida por todas aquellas circunstancias que debilitan la normal respuesta defensiva del organismo: debilidad fisica o taras orgánicas, falta de aclimatación, fatiga, deficiente alimentación, inmovilidad prolongada, bebidas alcohólicas, estado moral deprimido del individuo; en los heridos, el shock y la hemorragia, así como un vestuario no adecuado o insuficiente. Favorecen también el enfriamiento general, la humedad ambiente, las ropas mojadas y la presencia del viento.


El enfriamiento generala aterimiento se irá estableciendo progresivamente a la par que va enfriándose el cuerpo; primero, las capas exteriores, y después, el núcleo donde residen los órganos vitales. El individuo notará frío intenso, al principio acompañado de tiritones incoercibles, decaimiento físi­ca, torpeza mental y confusión de ideas, somnolencia, se enturbia la vista, y cuando la temperatura corporal desciende a 34º C, el enfriado pierde el conocimiento  Si nos hallamos con un enfriado en esta situación es difícil distinguir si está muerto o no.


En el lugar del accidente, lo más decisivo es secar al enfriado; es decir, revestirle con ropa seca y ponerle al abrigo del viento. Normalmente no es posible el calentamiento del enfriado en el lugar del accidente: ¿de dónde sacar el calor con la lluvia, la tormenta y el frío invernal? Hay que intentar transportar con la mayor rapidez al enfriado inconsciente al refugio más pró­ximo. ¡Pero no más lejos! Nada de un largo transporte de tres horas, por ejemplo.


Durante el transporte se puede cometer una equivocación fatal: el cubrir el cuerpo sólo con mantas abundantes. La sangre más caliente del "núcleo" comienza a fluir hacia la envoltura, se mezcla con la sangre fría de ésta y se enfría más. Cuando retoma, el resto de la sangre del "núcleo" se mezcla con ella, de modo que se produce un enfriamiento adicional de la misma y se entra en peligro de muerte. Es la muerte llamada "de rescate o salvamento".

Cuando la sangre del núcleo pasa a la envoltura, ésta debe estar ya calien­te. Por ello se ha de procurar aportar toda la cantidad posible de calor a la envoltura. Teóricamente, la mejor manera de conseguirlo es con un baño caliente. Como no suele disponerse de esto en un refugio y, además, puede desencadenar ocasionalmente reacciones circulatorias desfavorables, se procurará aplicar paños húmedos calientes, mantas de lana precalentadas, bolsas o botellas de agua caliente por todas las partes del cuerpo. Y seguir siempre calentando sin lugar a desánimo.


Al recobrar el conocimiento el enfriado, deben suministrársele bebidas calientes y dulces. También puede dársele un poco de alcohol, pero sólo en el refugio caliente, jamás al aire libre.


Si el enfriado se encuentra en estado de muerte aparente, habrá que proporcionarle desde el principio las medidas de reanimación, y seguir con ellas mientras se le calienta, hasta que vuelvan a restablecerse respiración y latidos cardíacos.


Otro consejo referente al lugar del accidente: cuando no sea posible el transporte al mencionado refugio, hay una posibilidad de aporte activo de calor, poniendo a disposición del enfriado nuestro propio calor corporal, sen­tándole entre las propias piernas y apoyándole en el propio cuerpo. De existir otro compañero disponible, coadyuvará en el mismo sentido. No hay que subestimar tampoco el factor psicológico de sentirse a salvo.


El enfriamiento se prevendrá por medio de un entrenamiento, equipo y alimentación adecuados, evitando en lo posible los estacionamientos prolongados a la intemperie, relevando continuamente los puntos de vigilancia y estableciendo centinelas dobles, a fin de que puedan observarse mutuamente la aparición de los primeros síntomas; prohibiendo el uso de bebidas alcohó­licas, que no deben ser tomadas ni aun como estimulantes; tonificando y abrigando a los heridos antes de su transporte.


Ante la aparición de los primeros síntomas, obligar al afectado a realizar movimientos o continuar la marcha, impidiendo por todos los medios, incluso violentos, que se deje invadir por la creciente sensación de abandono.

LA CONGELACIÓN LOCAL

Producida por el frío intenso al actuar sobre las partes en que el riego sanguíneo es más débil o están más expuestas a la intemperie. Son las más frecuentes la de manos, pies, orejas, nariz, mejillas y mentón.


En las congelaciones, según su intensidad, se distinguen tres grados:


Primer grado: simple enrojecimiento de la piel.


Segundo grado: formación de ampollas llenas de un líquido turbio.

Tercer grado: gangrena superficial o profunda.


Sin embargo, la aparición de estos síntomas no es instantánea, como en las quemaduras, sino que pueden tardar horas o días en manifestarse. Es, pues, difícil en un primer momento saber la gravedad de una congelación.


Los signos iniciales que presenta una zona congelada son: frialdad, palidez  hinchazón e insensibilidad.


Como causas que favorecen la congelación se cuentan:


El frío, acompañado de viento y humedad. Alimentación insuficiente y fría.


Las bebidas alcohólicas.


Dificultades circulatorias por prendas inadecuadas o mal adaptadas.


Las congelaciones se previenen:


-Procurando incrementar los medios de defensa natural del organismo mediante alimentación rica en calorías, comida caliente, siempre que sea posible, o procurando facilitar, al menos, un plato o infusión caliente en caso de rancho frío; ejercicios gimnásticos y aseo e higiene corporal.


- Evitando las pérdidas de calor interno por medio de prendas de abrigo suficientes, guantes y calcetines de lana, con el necesario repuesto para mudarse en caso de que se humedezcan; proteger orejas y nariz con prendas apropiadas y conseguir la impermeabilidad del calzado mediante el cuidado y entretenimiento del mismo.


- Disponiendo de alojamientos y refugios caldeados convenientemente, para conseguir que el personal cuente con reservas de calor cuando haya de salir al exterior.


-Eludiendo todo lo que pueda dificultar el riego sanguíneo de las extremidades: prendas apretadas en tobillos, rodillas y muñecas; calzado estrecho o con excesivo número de calcetines, y ataduras de esquís, raquetas y grampones que opriman demasiado.


-Impidiendo la inmovilización prolongada, por lo que se obligará a los individuos a realizar movimientos de brazos y piernas cuando hayan de permanecer estacionados a la intemperie. 


En los lugares con agua, nieve, fango, etc., se procurará estar quietos de pie el menor tiempo posible. Si las circunstancias obligan a ocupar trincheras o pozos de tirador, se atenderá a quitar el agua o la nieve, echando ramaje, paja o piedras en el fondo, a fin de poder conservar los pies secos. Resulta útil, en este sentido, envolver los pies en sendas bolsas de plástico antes de ponerse las botas.

Tan pronto como aparezcan signos de congelación se deberá proceder a recalentar la zona:


Friccionando la parte afectada, bien con la mano desnuda o con un guante o pieza de lana; si se dispusiera de ellos, sería eficaz el empleo de una pomada, linimento o embrocación revulsiva. Estos masajes son verdaderamente efectivos cuando se comienzan en la parte próxima del miembro congelado (en el brazo y antebrazo en congelaciones de manos; en el muslo y la pierna para las del pie); no proceder a reali­zarlos en la zona de la lesión hasta que se hayan hecho suficientemente en dichas zonas próximas.


Un miembro congelado puede calentarse introduciéndolo bajo las axilas o entre las ingles, bien del mismo lesionado o del socorrista. Constituye un buen procedimiento sumergir el miembro en agua fría e ir añadiendo a la misma agua caliente con lentitud, hasta alcanzar en una o dos horas los 40º C.


No debe hacerse nunca:


-Friccionar con nieve.


-Calentar bruscamente, aproximando la región congelada a una fuente de calor intenso (hogueras, estufas, bolsas calientes, etc.).


-Administrar dosis de alcohol.


Si aparecen ampollas no se friccionará la zona afectada, procediendo a lavarla con éter o yodo diluido y a envolverla en un apósito abundantemente.




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